Seguir a Jesús, camino de la Pascua

Posted: viernes, 26 de marzo de 2010 by Síguele in
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Que onda!, muy pronto recordaremos los días santos. Lo que Jesús nos invita es a vivir con radicalidad su seguimiento. Es el caminar en el amor extremo... Libres, generosos y creativos en nuestra entraga, desde lo que somos y hacemos. Dios nos ha dado la vida para gastarla por los demás. Ánimo!!! su hermano de comunidad Victor!

Vivir la semana Santa es acompañar a Jesús desde la entrada a Jerusalén hasta la resurrección.

Es afirmar que Cristo está presente en la eucaristía y no es ajeno a la realidad en que vivimos

Es aceptar decididamente que Jesús está presente también en cada ser humano que convive y se cruza con nosotros.

Es proponerse seguir junto a Jesús, trabajando por la justicia y la dignidad de los oprimidos.

La Semana Santa, es la gran oportunidad para detenernos un poco. Para pensar en serio. Para preguntarse en qué se está gastando nuestra vida. Para darle un rumbo nuevo al trabajo y a la vida de cada día. Para abrirle el corazón a Dios, que sigue esperando. Para abrirle el corazón a los hermanos, especialmente a los más necesitados.

Es la gran oportunidad para encontrarme con el Dios-Hombre, con Jesús resucitado. Y renacer a la esperanza con los ojos puestos en el Dios que da la vida en abundancia.

La fe no debe reducirse a la mera formalidad de los ritos, oficios religiosos o sólo prácticas de piedad. Lo que menos pretendió Jesús, fue llenarnos de devociones, por el contrario, buscó despertar en sus discípulos la certeza de que en el amor hecho obras se experencía en su totalidad el amor del Padre. La fe exige la promoción de la justicia, porque donde hay injusticia, no hay eucaristía. Somos ciudadanos del mundo y como creyentes estamos llamados a ser agentes de transformación social.

En ese sentido, el Concilio Vaticano II en la Constitución dogmática Lumen Gentium (Luz de las naciones), ha puesto fin a aquella concepción de siglos que definía a la Iglesia como la comunidad bajo la autoridad de, o presidida por, ahora la Iglesia se entiende así misma como “comunidad de comunión”, donde sus miembros comparten sus experiencia personal de encuentro íntimo con Dios y con los personas.

Es el momento el diálogo, de la responsabilidad compartida. La jerarquía ya no puede ser una institución arcaica, que sermonea y exige obediencia. Y los laicos y laicas han de tomar una mayor conciencia crítica y un profundo compromiso en la historia de la salvación.

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